Alfa Romeo: el retorno de un romántico de competición

LOS COMIENZOS (1910-1930)

Es dificil encontrar un factor común en el cual converjan historias protagonizadas por Enzo Ferrari, Tazio Nuvolari, Achile Varzi, Giuseppe Farina, Juan Manuel Fangio, Nino Vaccarella, Ronnie Peterson, Niki Lauda, Nelson Piquet y Mario Andretti. Pues sí, a prima fascie son personajes de distintas épocas, unos coetáneos y  hasta archirrivales, pero todos forman parte de la historia de una de las marcas que hicieron las delicias de pilotos y fanáticos del automovilismo en una época donde las capacidades del coche eran una mitad que debía ser complementada con el talento y arrojo de los pilotos, la pericia de los mecánicos y quizás un poco de suerte, de recuerdos monocromáticos trascendió la leyenda escarlata. Hablamos de ALFA ROMEO.

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Nacida en el año 1910 en Lombardia como ANONIMA LOMBARDA FABBRICA AUTOMOBILI, en las afueras de Turin, en ese polo industrial que constituía el Norte de la por entonces nobel Italia, como una marca destinada a satisfacer al mercado italiano con coches de paseo. A la entidad se sumaría posteriormente el inversionista Nicola Romeo, quien adjunta su apellido a la marca en 1920 para pasar a denominarse a ALFA ROMEO.

Como escudo de la marca se adoptó la cruz roja sobre campo blanco de la insignia de Milán y el Biscione, escudo de los Visconti, el cual data del año 1395 al cual se le adicionó posteriormente una corona de laureles tras lograr su primer campeonato del mundo.

En aquellos tiempos, el automovilismo de velocidad no distinguía entre turismos y fórmula, puesto que algunos se hallaban basados en el mismo chasis, igualmente se corría con un mecánico que asistía en las averías. Italia contaba con afamadas pruebas, como la Targa Florio en Sicilia, la Coppa Acerbo en Pescara, la Coppa Ciano en Livorno, el Gran Premio de Italia en Monza o la mismísima Mile Miglia.

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Su primer coche derivado para Grandes Premios fue RL, con el cual la marca obtuvo entra otras, la victoria en el Targa Florio de 1923 al mando de Ugo Sivocci, quien llevó pintado en el coche un trébol de 4 hojas dentro de un triangulo de fondo blanco, y el campeonato del mundo de 1925 este pasó a ser un distintivo de Alfa Romeo en todos sus coches de competición. A este coche sucedieron el 6C, un ligero y virtuoso coche que con distintas motorizaciones se hizo un lugar en la historia de la marca, así el malogrado P1, construido en 1923 para el equipo Alfa Romeo, regenteado entonces por un hombre de mirada cansina, verborragia notoria y cintura importante para los negocios, tal Enzo Anselmo Ferrari. El coche debutó en Monza, donde en la vuelta de reconocimiento muere Ugo Sivocci, el coche evidencia ser impresentable para futuras pruebas, y entonces Ferrari convence a Vittorio Jano, ingeniero de la FIAT a unirse al proyecto Alfa Romeo. Jano pasaria a convertirse posteriormente en el padre de varias macchine de la casa de Maranello.

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Junto con el P2 llega el 8C, que resultaron tan ganadoras como longevas, con diversas motorizaciones, cosecharon victorias se hallan como un modelos insignes de la marca, hasta la llegada de las flechas plateadas.

El 6C, mas que un modelo, es una dinastía en la vida de Alfa Romeo, comprendió una serie de coches que contaban con motorizaciones de diversa cilindrada, pero con disposicion lineal de 6 cilindros, al ser estructuralmente establecidos por un chasis como base a la carroceria, esto permitió que sobre los 6C operen diversos carroceros como Zagato o Pininfarina.

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El P2 en cambio fue un coche proyectado por Vittorio Jano netamente para competición, con un motor de 1987cc con 8 cilindros en línea y sobrealimentado con supercargadores gemelos, pesando alrededor de 650 kg. Una pluma que lograba velocidades superiores a los 200 km/h todos estos datos resultan sorprendentes mirándolos en retrospectiva. Junto con los Bugatti tipo 35 animaron carreras en toda Europa y norte de Africa, luciéndose  a los mandos de ases como Achile Varzi, Giuseppe Campari o Antonio Ascari, padre de Alberto Ascari, campeón de Formula uno en 1952 y 1953.

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En 1929 se crea la Scuderia Ferrari, encargada de administrar el desaparecido departanento de competición, los P2 rayan la obsolescencia ante la mirada del gobierno de aquellos años al mando de Benito Mussolini, la reputación ganada por Alfa Romeo se torna una cuestión de orgullo nacional, ante las máquinas azules de Ettore Bugatti, quien al instalar su Atelier en Francia, abrazó el pabellón galo en las competencias de Grand Prix.

La  década de 1930 es señalada como la edad de oro del automovilismo de competición, los pilotos eran hombres arrojados y verdaderos artífices de hazañas a bordo de máquinas; que más que representar a una marca, representaban a naciones enteras, en este contexto, la Scuderia Ferrari, con sus Alfa Romeo eran la causa italiana misma….

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