Donde Fernando conquista, Takuma reina

Indy no decepcionó. otra carrera para el infarto, llena de emociones y entretenida como casi siempre. Andretti ratifica su racha en las 500 millas, pero con el coche y piloto menos esperado en las probabilidades.

Con toda la pompa previa, característica del evento, nos pusimos a tono con la máxima fiesta del automovilismo americano, y una de las 3 grandes del mundo. Con Tony George en un inesperado y escueto “Start Your Engines” se dio inicio a las vueltas previas, en las que quien mas quien menos tenia sus fichas puestas en el éxito de la aventura de Fernando Alonso en el nuevo mundo.

Cae la bandera verde y parte Dixon en punta, empieza el furor de las máquinas a toda velocidad, abietas en filas de hasta 4 coches en busca de la mejor posición en cada curva, en esta dinámica nos encontramos hasta el primer gran incidente: el espectacular accidente del poleman en la vuelta 52, quien tras un despiste del británico Jay Howard termina llevándoselo por delante y tras un espectacular despegue, pega por las vallas internas y aterriza con el coche partido en dos.; milagrosamente el piloto neozelandes salió caminando. Una mezcla de milagro y mérito al desarrollo de los coches en pro de la seguridad de los pilotos.

La bandera roja sorprende a Alonso en primer lugar, con Alexander Rossi en segundo puesto, junto a Ryan Hunter Reay y Takuma Sato con quienes hizo un magnifico juego de equipo soportándose mutuamente a fin de conservar el consumo de combustible haciendo una demostración de solidez de Andretti Autosport como equipo.

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El asturiano supo hacer valer la experiencia para encarar la carrera con madurez y paciencia, liderando por varias vueltas la carrera

El accidente de Connor Daly, quien se llevó al rookie Jack Harvey hizo a la siguiente bandera amarilla, casi en el ecuador de la competencia.

A estas alturas se asoma un viejo conocido de la brickyard, el tres veces ganador de la carrera Helio Castroneves empieza a hacerse notar, luchando con Takuma Sato, James Davison y Tony Kanaan, todos estos siguiendo el compás de Max Chilton, quien se hizo de la punta y supo mantenerla hasta el último stint.

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En la vuelta 137 el motor Honda -notablemente superior en velocidad a los Chevy- del coche de Ryan Hunter Reay termina por romperse y constituirse el primero de los abandono del equipo Andretti.

A la ya entretenida lucha entre Max Chilton y el rookie Ed Jones se sumaron Helio Castroneves con Takuma Sato, en ese entonces, Alonso se hallaba hasta si se quiere estratégicamente rezagado, a la espera del último stint, esas últimas 30 vueltas en las que se pone toda la carne al asador, se hacen de tripas corazón y las luchas por cada puesto se hacen incesantes en busca del primer lugar. Estos quedarían fuera de la lucha por la victoria luego de la última parada en pits.

Sin embargo, en la vuelta 179, en el punto de mayor exigencia al coche, el motor Honda también le dice basta en Indy, llevándose no obstante una notoria ovación del público, que supo agradecer la preferencia por la máxima prueba oval por sobre la mismísima categoría reina del automovilismo mundial. La sensación de que la victoria era posible, nos da la esperanza de poder ver de vuelta al bicampeón del mundo en la próxima edición de las 500 millas.

Eliminada la máxima atracción mediática de la carrera, y para más inri de la afición española, el despiste del catalán Oriol Serviá, quien se lleva a su paso a Will Power, Josef Newgarden y James Hinchcliffe. Quedaban Helio Castroneves para el equipo Penske, de motor Chevy y Takuma Sato, de Andretti Autosport y motor Honda como lo principales aspirantes a ganar, quienes estuvieron a la altura de las expectativas con una lucha épica en la cual, contra todo pronóstico, resulta ser Sato quien se lleva el gato al agua, con una suerte de revancha a aquella edición de 2012 en la cual pierde la carrera en la segunda curva en las millas finales, entregando la victoria a Dario Franchitti.

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Celebrado como pocos, el piloto japones, de 40 años de edad, en su 8ª participacion en Indianapolis, nos emocionó con su ya conocido arrojo al volante y carisma fuera del coche, cobrándose una cuenta pendiente y demostrando por qué las 500 millas de Indianapolis es una prueba que no tiene candidatos seguros, ni está sometida a dominios aburridos como quizás nos hallamos acostumbrados los seguidores de la Formula 1. En este escenario, la experiencia de Fernando Alonso se halla perfilada a ser repetida en ediciones futuras, si no es algo que ya lo tiene decidido, es algo que todos esperamos.

Imágenes: Indycar series

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